El ocaso de Bajamar, la rotura del rompeolas marca el fin de una era

Este pequeño enclave turístico pasó de estar en el centro de todas las miradas a ser abandonado a su suerte, y actualmente su destrozado rompeolas indica hasta que punto se han abandonado las labores de mantenimiento por parte de los políticos.

Las estructuras de acero inoxidable llenas de óxido por falta de un simple paño limpio dan al recién llegado las primeras pistas del estado en el que se encuentran las infraestructuras costeras de la zona.

En los últimos años se han invertido muchos millones de euros en reformas, sin embargo la infraestructura de fondo se ha dejado abandonada, además las reformas no han tardado en sucumbir ante el mar y las reparaciones que se han realizado son extremadamente defectuosas y anti-estéticas.

La peor parte se la ha llevado el rompeolas que protege la playa de arena, durante los temporales es todo un espectáculo ver y oír las olas rompiendo contra su estructura, pero cuando pasa la marejada se puede observar que el espectáculo pasa factura al hormigón armado.

A apenas unos metros de su entrada se pueden observar restos retorcidos del acero que en su momento servía para unir el muro de contención más reciente con el resto de la estructura.

Algunos trozos de hormigón aún permanecen en su sitio gracias al acero de la armadura, pero da la impresión de que solo esperan una ola lo suficientemente grande como para terminar de separarlos del rompeolas.

Otros ya han sido arrancados y arrastrados hasta la cara interna del rompeolas, muchos trozos de hormigón han terminado enterrados en la arena y gran parte han quedado reducidos a piedras que se acumulan en la orilla.

La primera línea de choque está totalmente destrozada, se empiezan a distinguir las uniones de los diferentes bloques de hormigón que se construyeron y algunas grietas tienen más de un metro de profundidad visible.

La punta del rompeolas presenta desperfectos tan graves que seguramente habría que demoler toda la superficie para poder hacer una reparación duradera, las grietas son tan anchas y profundas que el agua circula por ellas libremente aumentando la erosión.

No hace falta que las olas sean muy grandes para notar como la estructura vibra bajo tus pies, más que sobre una estructura sólida parece que estés caminando sobre enormes trozos de escombro que se mantienen unidos por su propio peso.

Desde el faro parece que el rompeolas necesita una reparación urgente, pero desde la otra punta se hace evidente que está destrozado tras varias décadas de abandono político y embates del mar.

El amarradero que un día quiso simbolizar la llegada de turistas de otras partes del mundo agoniza entre los últimos restos de herrumbre y lo único que puede sujetar ya es la linea de cuerdas que trata de acotar la zona más peligrosa.

A unos metros trozos de hormigón de varias toneladas se hunden en la arena tan rápido como el antaño esplendoroso pueblo costero, ante la impotencia y desesperación de vecinos y visitantes que recuerdan con añoranza tiempos no muy lejanos en los que parecía que Bajamar empezaba a recuperarse.

Aunque de momento el rompeolas sigue en pie, protegiendo la que sigue siento la playa más accesible del nordeste de la isla, y los visitantes siguen acudiendo cada tarde a aprovechar los últimos rayos de sol, y es que Bajamar seguirá siendo siempre la capital mundial de los atardeceres, porque eso nunca lo podrán estropear ni el mar ni los políticos.

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