Güimar. La invasión británica de Tenerife que nunca tuvo lugar

Inglaterra siempre tuvo un ojo puesto en las islas debido a su situación estratégica, y dadas las relaciones entre Hitler y Franco durante la segunda guerra mundial y la posibilidad de perder Gibraltar llegó a programar en varias ocasiones una invasión del archipiélago que, aunque nunca tuvo lugar, obligó a blindar las islas con las defensas de la época, similares a las del Muro del Atlántico de los nazis, y que todavía mantiene abierto el debate entre quienes piensan que las islas eran indefendibles y los que por el contrario opinan que hubieran devuelto a los soldados al mar.

Uno de los lugares en los que aún se conservan parte de las defensas costeras es Güimar, y aunque algunas han sido tapiadas y otras ocupadas, las casamatas siguen marcando la línea que hubieran tenido que cruzar los soldados británicos, permitiendo imaginar lo que hubieran pasado tanto en uno como en otro bando si hubieran elegido este enclave para desembarcar en Tenerife, una zona dura pero alejada de los principales cuarteles de la isla y aparentemente poco defendida, pero las costas tinerfeñas aguardaban muchas sorpresas.

Hoy en día lo primero que piensa todo el mundo es el desembarco de Normandía, y en que esos miles de soldados hubieran tomado las islas en unas horas, pero son operaciones y momentos de la guerra totalmente distintos, de escasos recursos por parte de ambos bandos y de engaños para tratar de tener ventajas, a Canarias hubiera llegado una flota mucho más pequeña que la del Canal de La Mancha, tras un viaje mucho más largo, y cuya principal fuerza era el portaaviones Royal Ark, que se mostró extremadamente vulnerable a los submarinos unos meses después al ser hundido por un solo torpedo, arrastrando al fondo todos sus aviones sin que los acorazados pudieran localizar al atacante.

Pero una base de submarinos con tráfico constante no era el único peligro que tendrían que enfrentar los soldados ingleses y canadienses entrenados para tomar las islas, numerosas tropas procedentes del continente aguardaban en los cuarteles para movilizase a cualquier punto de cada isla, y a lo largo de todas las costas propicias para un desembarco había dos o tres líneas de pequeñas casamatas perfectamente camufladas entre las rocas, visibles entre sí para que pudieran regarse de metralla unas a otras en caso de asalto, y rodeadas por columnas de hormigón que marcaban posiciones de disparo predefinidas para los morteros y la artillería.

Estas defensas no estaban diseñadas para soportar un impacto directo de la artillería naval o la aviación, pero al igual que ocurrió luego en Normandía, los soldados hubieran desembarcado con la idea de una costa despejada por un ataque masivo de artillería, mientras que la mayoría de casamatas hubiera sobrevivido debido a la falta de precisión de la época, además están mucho mejor camufladas que las construcciones de hormigón nazis, no tenían ventanas que se pudieran ver directamente desde el mar, y eran prácticamente inmunes a las ametralladoras de las lanchas de desembarco y cualquier cosa que tuviera la infantería, a excepción de lanzallamas orientados a las ventanas y los explosivos para volar las puertas de acero que están orientadas a tierra y cubiertas por la segunda línea de fortificaciones.

Dentro de las casamatas habían exclusivamente tropas canarias, ya que como se dudaba de su lealtad se destinaron a la primera línea de defensa para evitar que se pudieran rendir ante los ingleses; por entonces los mandos ya tenían claro que los aliados no hacían prisioneros durante los primeros días de un desembarco, y los reclutas sabían que no habría diferencia entre salir dando tiros o con las manos en alto, así que en caso de invasión lo único que podían hacer era quedarse encerrados en su minúsculo refugio de hormigón, con una litera, un agujero en el suelo para las necesidades, una ametralladora, y varias cajas de balas para defender su posición.

Las fortificaciones se encuentran literalmente en primera línea de playa, algunas están levantadas para no quedar inundadas por la marea alta y las olas que se forman durante los temporales han arrancado gran parte de las rocas que las camuflaban, seguramente también han desplazado las dunas de piedras que aún se forman en esta zona y que terminaban de integrar las casamatas en el paisaje, por lo que muchos soldados de la primera ola del desembarco no las vería hasta que ya estuvieran bajo su campo de tiro, en mitad de una hermosa playa de cantos rodados a la que en unos segundos caerán cientos de balas y proyectiles, al situarse entre dos fortificaciones no es difícil imaginarse los instantes de un desembarco de esa época.

Una fila de lanchas acercándose en a la costa con la primera luz del día, un comando inglés gritando “GO! GO! GO!” un recluta canario tullido de frío que enciende su último cigarro desde su casamata, un grupo de soldados que aparece al levantar la vista entre el humo, una bala que entra en la recámara, la colilla cayendo al suelo junto a la bota, una mirada a los ojos, la primera baja del desembarco, el eco del disparo recorriendo el valle, el traqueteo de las ametralladoras, el silbido de las balas, el impacto contra todo lo que se cruza en su camino, los gritos por la radio llamando al mortero “¡Fuego al tres! ¡Fuego al tres!” soldados cayendo al paso de una nube de agua y rocas, la puerta de una casamata saltando en pedazos, las balas de la segunda línea rebotando contra el exterior, otra oleada de lanchas llegando a la playa, un soldado herido que busca otra caja de municiones bajo una alfombra de casquillos, una granada que rebota en la pared …

Afortunadamente para ambos bandos Inglaterra nunca consiguió el apoyo de Estados Unidos para invadir Canarias, y a pesar de que en muchos casos no estaban lo suficientemente equipadas, las defensas fueron suficientes para disuadir a los británicos de una invasión en solitario que hubiera quitado los preciados recursos de otros frentes, siendo finalmente la diplomacia quien resolviera la situación, quedando España fuera del conflicto, y las líneas de defensa como un recordatorio de la guerra que forjó la historia del siglo pasado y la configuración del mundo hasta nuestros días, de como llegó a cada punto del planeta, y de lo que enfrentaron las generaciones que tuvieron que participar en ella.

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